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martes, 31 de marzo de 2009

Gritos en la Oscuridad

Bueno hijo, creo que ha llegado el momento de tener esa plática, claro tu madre está en total desacuerdo con mis acciones, pero prefiero entablar una batalla con la mujer que más amo a perderte por no advertirte. Cada vez que la oscuridad te encierra, sientes un miedo inexplicable verdad? Sientes que algo te está observando y que algo se acerca a tomarte a por la espalda y destriparte? Yo se que tu madre te dice que no hay nada en la oscuridad, pero la aterradora verdad es que si hay algo asechando, esperando el primer momento que te descuides para capturarte. Nadie sabe lo que son, pero ha habido personas que los han logrado ver. Dicen que sus garras, sus escamas, sus orejas puntiagudas y su olor repugnante son terroríficos, pero lo que dicen que es lo peor son sus ojos, porque no tienen ojos sino tienen una llama, parece que vez al infierno cuando pones tu mirada con la de ellos. Dicen que esperan a que uno se duerma, solo para que salgan sin hacer el mas mínimo ruido, sin hacer movimientos innecesarios, casi como si un depredador viera a su presa y poco a poco se acerca a ti, escurriéndose entre las llagas de tus cobijas, entre todos tus respiros hasta que llega un momento donde su olor es tan fuerte que te despierta, pero lo único que alcanzas a ver son esos malditos ojos en fuego y su sonrisa demoniaca. Al momento que gritas de terror el toma la oportunidad y se trata de meter a tu boca, poniendo una de sus asquerosas garras en tus dos labios hasta que puede hacer que tu boca se haga tan grande como para su cuerpo, una vez que ya está adentro empieza a desgarrar todas las paredes que lo impiden llegar hasta el centro de tu cuerpo, una vez que llega ya nunca podrás ser tu de nuevo, pues el tomara posesión de tu cuerpo y hará cosas que tú no quieres hacer y una vez que se aburra de ti. Ahí será tu fin. Bueno ya me voy a ir a dormir pues yo tengo que trabajar mañana y tú tienes tu primaria, Que duermas bien. Ah y recuerda si en la oscuridad vez dos flamas que no te dejan de ver, nunca grites.


Por Ricardo Jaquez Fuentes

miércoles, 18 de marzo de 2009

Amorfo

Genero: Monstruo


El sol de la mañana hacia su entrada entre las copas de los arboles como unos faroles de esperanza entre la densa niebla, iluminando el pequeño sendero oculto entre los brazos de los antiguos guardianes de madera.

En la cuneta que forma la salida de múltiples brazos del gran roble debilitado por el constante ataque de los hongos él descansaba, un ente negro coloide. Estirando de su cuerpo una extremidad delgada como látigo se alarga para alcanzar
una bellota; la punta envuelve al fruto lo arranca y recorre lo largo del brazo por dentro, lo escupe al oír a lo lejos la armonía melodiosa de una voz femenina coreada por los pájaros cantores. Su canción era alegre y sonora que hacían vibrar el cuerpo del oyente como lluvia en un lago. Que sonido tan hermoso, pensaba el ente curioso, mi existencia no conocía tal exquisitez.
Se contornea siguiendo la sinuosidad del tronco torcido por el tiempo, como si en su juventud hubiera querido desafiar a los cielos y ahora por castigo pasa su eternidad escondiendo su derrota, arrepentido por su desafío. Él se funde entre sus grutas acariciándolas, alargandose, rodeando la rama cual serpiente trepadora.

Expandiéndose y contrayendose para avanzar sobre la corteza gris del viejo roble, sus látigos abren camino entre las hojas para dirigirse a la fuente que evoca tal emoción. Se agrupa por efecto de la gravedad como una gota de agua en el brazo del árbol imitando la forma de un panal en consistencia, color y habitantes.
Una gota de miel se escapa del panal, se alarga, dirigiéndose al suelo distorsionando toda su forma hasta desprenderse de la rama cayendo a gran velocidad golpeando fuerte en la tierra, salpicando en forma circular hacia adentro volviéndose todo una bola de pelo rojizo con blanco para darle vida a un cachorro de zorro.

Guiado por la hermosa voz, sigue el sendero hasta llegar a un pequeño lago, agua cristalina escurre por la pared de piedra como un velo blanco. Pero que criatura tan hermosa, pensaba el ente.
Una cabellera larga igual al color de las hojas de roble en el otoño salia de la cabeza de un cuerpo rosado, dos de sus extremidades jugaban con el agua como refrescandose; se sumerge por completo en ella.

Había un sauce en la orilla sus raíces tocaban discretamente el agua y sus ramas hacían un techo sobre el lago. En el piso hay un zorro, de un brinco llega al sauce un lirón gris. Llegue rápidamente, como poseído por una curiosidad inmensa a la rama que hacia sombra sobre el lago. Me sujete de la cola y me deje bajar en caída libre, podía verla moverse debajo del agua, nunca había visto nadar una criatura tan grande. Lentamente saca la cabeza del agua y con sus dos extremidades cada una con cinco apéndices se quita el cabello para exponer su terso rostro. Un par de ojos del color de las hojas y redondos como las bellotas reflejan su inocencia. El tiempo parece detenerse. Sobre los ojos, finos cabellos enmarcaban su vista como las alas de un águila en pleno vuelo, un delgado cuello une al torso del cual salían dos pequeñas protuberancias redondas; la perfección de las dimensiones aturdían mi vista. El espacio entre nosotros se reducía cada vez mas. Vi como mis deseos crecían a la par de sus ojos, quería conocer todo de esta hermosa criatura; nuestras bocas se tocan. La vida se detuvo.

En un instante la piel tersa de aquella figura perfecta, es cubierta por la masa gelatinosa del ente, engulliéndola de un solo bocado; y con una fuerza constrictora aprieta a su presa rompiéndole cada uno de sus huesos, subiéndola al sauce.
Lo absorbe todo, hueso, piel, tendón, cabello y músculo. Cada órgano tan delicioso, cada extremidad tan delicada. Tentáculos jalan hasta dislocar los huesos, otros golpean hasta romper la piel. Pedazos de carne caen al agua, sangre escurre por los brazos del sauce tornando el agua cristalina a un rojo brillante. Dientes que muelen todo salen de la barriga del ente satisfecho por conocer íntimamente a la perfección.

Eso es, hasta la siguiente comida.


Por: Catalina Navarro